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MOLOTOV TAMPOCO LLEGA A CUARTOS

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Una ocasión, le preguntaban a Tito Fuentes (guitarrista y vocalista de Molotov) qué opinaba de la música de  Calle 13 y respondió que le gustaba la letra pero la música no. Quién iba a decir que con su Agua Maldita  (Universal, 2014), su más reciente producción, iba a pasarme algo así como lo contrario.

Siete años fueron la espera; diez tracks el resultado. Broncas con su manager, una gira por Rusia (con un chingo de amor, dicen) y un país que presenta tan pocos cambios como el rock que en él se produce, son el contexto en el que el cuarteto vuelve al estudio.

No es lo mismo haber escuchado a Molotov en 1997 que hacerlo 17 años después, cuando las groserías las digo hasta platicando en la mesa con mi abuela. Ya todos los progres hacen la cómoda revolución desde las redes sociales y se jactan de ser antitelevisos. Ya a nadie haría bobo Jacobo si continuara al aire. Pero Molotov dice seguir inconforme y se quiere quejar de Hacienda.

Igual que la selección mexicana en el Mundial, Molotov no llega a “cuartos”. Juegan bien, no se duda de su capacidad, pero después de todo, eso no ha sido suficiente. El Tri volvió a casa y Molotov está en la casa.

A MI TAMPOCO ME GUSTA CALLE 13 (¡AY, QUÉ MALDITO!)

Lo menos peor tampoco está chido. La mentada de madre que Molotov gritaba en su disco debut, ahora solo aplica para la banda que aplaude con los ojos cerrados a cuanto producto les arroja el mentado “rock nacional”. Y es que, lo primero que debe procurarse al apreciar la aparición de un trabajo de un grupo mexicano de rock, es olvidarse de la nostalgia y perderle el miedo a la crítica.

En Agua Maldita, el cuarteto no suena mal, a fin de cuentas son buenos músicos que saben hacer una divertida mezcla entre elementos de punk y de hip hop, pero ¿es eso suficiente? La cuestión es que la zona de confort desfavorece y provoca que el disco desmerezca respecto de sus antecesores (particularmente las dos primeras producciones: ¿Dónde Jugarán las Niñas? Y Apocalypshit, respectivamente).

El disco abre con “Oleré y Oleré y Oleré el UHU” con una letra que tiene tanto sentido como su título y en la que los arreglos musicales son rescatables, pero algo no termina de embonar. En “La Raza Pura es la Pura Raza” me parece escuchar un tema que bien pudo haber sido descartado de cualquier disco anterior de la agrupación. La participación de DMC parece no encajar y pasa sin pena ni gloria.

El plato continúa con “Fuga”, con un ritmo punketon acelerado que logra ser un corte simpático. El punk se mezcla con pop y el ya conocido rapeo de Randy Ebright (sonando, como siempre, fresco, eso sí) en “La Necesidad”  donde se sueltan frases como “Iba a mi pagar mi IVA / y lo iba a pagar a tiempo / pero se fue como el viento / ya no me alcanza / por eso me llaman y llaman los de cobranza…” así es, pan con lo mismo. La necesidad es cabrona, canta Randy ¿acaso por eso hacer un nuevo disco?

En “No Existe” la cosa mejora, es un tema con un riff un poco más lento de lo habitual y es tal vez uno de los momentos más rockeros del disco. La letra habla de la apatía general que se deja ver en nuestro país e invita a dirigirse al lado contrario al que indica el sistema. Lo lograron sin groserías y sin rapeos (para variar un poco) ¿qué les costaba?

“Llorari” es sólo una canción más de Molotov,  en ella se hace una sátira en el estribillo y el título, de la canción “Volare” popularizada por el cantante italiano Dominico Modungo en 1958. “Again N’ Again”. Aquí  vuelve a escucharse a Randy rapear acerca de nada que no hayan dicho antes, again n’ again lo mismo. “Gonner” es otro tema divertido en el que Tito nos cuenta que en cualquier momento, se puede quedar en el viaje por su empedernida pachequéz.  En mi opinión fue una auto sátira bien lograda (“No, no, turbulencia, no / porque no quiero nunca bajar avión”) y además la música tiene algunos toques (modestos pero atinados) de rock clásico combinado con la energía que caracteriza a Molotov.

Hacia el final del disco suena “Lagunas Metales” donde se puede escuchar en las voces de los cuatro integrantes (Miky, Paco, Tito y Randy) cómo  se la cotorrean usando los nombres de otras bandas (Café Tacuba, La Gusana Ciega y hasta The Police) una canción más divertida pero que no aporta novedad.

“Quien se Enoja Pierde”

afirman al cierre del disco y más vale tomarlo con buen humor y como el álbum que es: un disco más de Molotov que deja cosas que desear. Yo deseo que en su siguiente trabajo logren un mejor avance y mientras tanto, ahí están diez rolas que bien pueden servir para amenizar alguna peda tranquila con los compas. Digo.

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