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6 marzo, / Bárbara Santana

Palosanto Tour 2014

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Auditorio Nacional, México, 30 de enero de 2014

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Ya pasaban de las 20:20 y los últimos en llegar nos acomodábamos rápidamente en nuestros asientos, cuando se apagaron las luces y comenzó un valsecito espacial que acompañaba el paso de un platillo volador. Justo en el centro  del escenario se detuvo la nave espacial y de pronto, de su rayo transportador, salió Enrique Bunbury listo con los primeros acordes de “Despierta”, una de las canciones de Palosanto (2013), el disco que está presentando con el Palosanto Tour 2014. No hay confusión, ¡despierta! gritaba el público en espera de los primeros riffs de Álvaro Suite, guitarra de Los Santos Inocentes.

Sin mediar palabra y a manera de bienvenida comenzó “El club de los imposibles”:Bienvenido al club de los imposibles, guarda tu dinero para medicamentos… Bienvenido al club. Tras el enloquecido aplauso que cerró la canción, Bunbury se dirigió al público “Buenas noches, cabrones”.

El cariñoso Auditorio Nacional respondió la provocación con todo el ruido que le cabía.

Bunbury explicó entonces que el concierto sería un recorrido por canciones nuevas, por canciones viejas y por canciones recientes. Agradeció y un muy breve silencio recibió los lentos acordes de “Los inmortales”, otra de las composiciones del Palosanto que tiene algunas de las combinaciones más emocionantes y arriesgadas del disco. Incluye un coro extraordinario a lo góspel que Los Santos Inocentes consiguieron poner a flotar, mezclándose en el misterio eléctrico de guitarras y teclados. Sin dejar apagar el aplauso, comenzó una melodía suave y los cuerpos comenzaron a mecerse entre las butacas a su ritmo, pero se detuvieron a tiempo para gritar al unísono Contracorriente-e-e-e.

imageBunbury agradeció la compañía y continuó con “Hijo de Cortés”, un brindis con una letra extraordinaria: No me digas hijo de Cortés, no digas más palabrotas, que Moctezuma jamás se vengó de este vuestro hermano, sincero o idiota, enterremos de una vez el rencor que es muy mal consejero. En el disco se puede disfrutar el coro de góspel que apoya los crescendos que como olas rompen en un caluroso brindis: De Tierra de Fuego hasta al Río Grande, ¡a su salud! Y el público mexicano bailando encima de cualquier rencor, entregándose recíprocamente a la música.

Se hizo el silencio que precede a los corazones rotos y empezó una guitarra y un bolero con sabor de jarabe mexicano: Ódiame por piedad, yo te lo pido… El himno de Julio Jaramillo fue coreado sin titubeos. Estábamos ya en la entrega mutua y las notas pasaban de mano en mano. Podían respirarse, abrazarse, cerrar los ojos y seguir viendo a aquél hombre que se sumergía en el mismo delirio. Odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido. “¡Así es!”, concluyó Bunbury.20140311-005549.jpg

El concierto siguió con otra de las nuevas pistas de Palosanto. Una balada suave, amorosa, con un clímax azul: “Más alto que nosotros sólo el cielo”. Los suspiros alcanzaron el segundo piso y no se detuvieron sino hasta el final de la siguiente melodía “Porque las cosas cambian”, que fue coreada hasta enrojecer los rostros de las almas que trataban de permanecer dentro de los cuerpos contraídos. Porque vuestra amistad me sostiene de cumbia madre y porque me dejo querer por ti… aquí no hubo poder humano que pudiera contener los gritos sinceros de las damas que se derretían hasta inundar la sala. Bunbury lo agradeció. A lo largo del concierto, hizo pausas constantes entre las canciones para agradecer; para mirar y casi con timidez agradecer. Pagado el público y pagado el artista, pero ambos agradecidos hasta el fondo.

20140311-005520.jpgEs mejor que corras… comenzó la amenaza. Las guitarras desbordaron “Destrucción masiva”, una de las imprescindibles de Palosanto. La letra es uno de los desahogos más sublimes. En lo personal la tendré desde ahora como pieza musical de cabecera para lidiar con los enemigos cotidianos (y no tan cotidianos): Puedo dejarte escoger, si quieres, entre una muerte consciente y lenta; o si es tu elección te daré la satisfacción de acabar contigo y tus semejantes en un solo acto de destrucción masiva… El arreglo y el matiz del “en vivo” hicieron estallar aquella bomba infinita.

De la explosión salió Bunbury quitándose la chamarra y con esos brazos que son la delicia que revienta la garganta de las damas.

Del repertorio de los Héroes del Silencio continuó “Deshacer el mundo”, coreada palabra por palabra por el público: Te he dicho que no mires atrás porque el cielo no es tuyo y hay que empezar despacio a deshacer el mundo. El incansable escándalo con el que el público agradeció esto fue recompensando con creces. Una sola voz de miles de gargantas coreó no hay dinero ni castillos, ni avales ni talonarios, no hay en este mundo aunque parezca absurdo ni en planetas por descubrir lo que aquí te pido… Los Santos Inocentes encadenaron “El rescate” con “Los habitantes”: Ya no hay nada que temer, ya no hay nada que enseñar, se precipita mi debilidad hacia la noche lenta del amor y el riff Álvaro Suite. No parecía haber aplauso suficiente.20140311-005319.jpg

El concierto siguió con uno de los momentos más espectaculares del concierto, una de las joyas más absolutas de Palosanto: “Salvavidas”. Melodía lenta, agonizante, con una letra náufraga muy poderosa y un coro de góspel que podría causar más de una locura. Todo lo que necesito hoy, quítamelo, y déjame seguir atrapado en este bote salvavidas, navegando a la deriva y sin timón.

 Bunbury salió un momento del escenario para ajustarse el traje y volvió como “El hombre delgado que no flaqueará jamás” en un arreglo al más puro estilo del classic rock incluyendo el indispensable solo (que casi nos vamos de espaldas con aquellos dedos voladores de Álvaro Suite). Todo era baile y delirio, hombros y caderas por la borda, incontrolables. Siguió la fiesta con “Hay muy poca gente”, también del Hellville De Luxe y se escuchaba, poderoso, nada puede dañarme con mis amigos, nada puede, nadie puede…

20140311-005407.jpgLos murmullos estallaron en aullido con “Frente a frente”, el cover de Las consecuencias al que no le faltaron ni los truenos. Esta balada cedió el paso a una españolísima rumba que volvió a agitar la maraca interior: “Que tengas suertecita”. En medio del aplauso, Bunbury agradecía los coros. Los premió con “De todo el mundo”: Soy vagabundo, siempre de paso de aquí y de allá, de todo el mundo. No tengo dueño, no soy tu esclavo, un poco tuyo y de todo el mundo. Las fibras de alma que se le escapaban a los miles le llegaron a Bunbury en aplausos y gritos ya ininteligibles con los primeros acordes de “Sí” y siguió el pasaje más coreado de la noche, cerrando con “Lady Blue”.

No se apagó el aplauso hasta que Los Santos Inocentes y Bunbury volvieron al escenario. “Ustedes saben cómo hacerlo pasar bien”, dijo él enfundado en un chalequito francamente delicioso,

y se arrancó con “Prisioneros” de Palosanto. Bunbury se caló el sombrero para terminar el encore con “Infinito”, que fue coreada hasta la afonía. “Chilangos y chilangas, muchísimas gracias”, concluyó Bunbury.20140311-005437.jpg

Largo aplauso que acompañaba el canto del público: “Enrique, Enrique”. La banda salió para un segundo encore que abrió espectacularmente con “Bujías para el dolor” y continuó con “Sácame de aquí”, que terminó por arrancarle los restos de voz a todos los presentes. “Una más y no jodemos más” dijo Bunbury, que quería pagar al público dejándolo con el alma a tope y la esperanza arriba. “El viento a favor”, coreada por los miles, cerró la noche. Costó volver a nuestros pies después de eso pero abajo nos esperaba en la pantalla un último agradecimiento: “México Distrito Federal / gracias / por todo!!”.

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