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31 agosto, / Aurora Elias

Con B de Bauhaus

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Parece lógico y en realidad lo es, para entender cómo ha evolucionado el diseño de la mano del arte. A todos aquellos amantes e interesados por el diseño, estoy segura que en más de una ocasión se han encontrado con referencias que los lleven a la Bauhaus.

La Bauhaus fue la escuela de diseño, creación y arte con más éxito e impacto social. Dicho proyecto nace de una visión, hacer resurgir a un nuevo hombre como el ave Fénix que renace de las cenizas; éste nuevo hombre sería un visionario, formado por los mejores artistas y arquitectos de la época, siendo capaz de diseñar y crear un presente trazando un futuro.

Esta revolucionaria escuela ve la luz a través de Walter Gropius en 1919; siendo bautizada con el nombre de “Bauhaus” (casa de construcción), para muchos representó una idea utópica, pero se convirtió en el máximo referente del diseño industrial, diseño gráfico y arquitectura del siglo XX.

La escuela fue organizada por tres directores, Walter Gropius, Hannes Meyer y Ludwig Mies van der Rohe cada uno le dio una sede diferente en tres ciudades de Alemania: Weimar, Dessau y Berlín respectivamente.

Gropius sabía que el hombre puede ser capaz de llevar sus diseños y bocetos a un plano real, transformando con ello su entorno. El ADN de la Bauhaus buscó darle un rostro nuevo a la sociedad, pero cómo lograrlo en una Alemania devastada por la I Guerra Mundial, moviéndose en un continente antiguo, que se siente y es pesado.

El primer paso se dio con la construcción del edificio que albergaría este proyecto, el cual contó, con una arquitectura de extraordinario modernismo, libre de ornamentos, siendo de líneas puras, limpias y simétricas; el camino a seguir planteaba dirigirse hacia una nueva dirección, iniciando con la manera de concebir las ideas.

La Bauhaus fue desarrollándose bajo diferentes conceptos y filosofías que ofrecieron una pedagogía multidisciplinaria y efervescente, en su manifiesto podemos notar tintes revolucionarios, ilustrando aquella época que vivía un agitado ambiente político y social.

El papel protagonista que tuvo el desarrollo de este país después de la guerra se lo otorgaron al diseño industrial.

Mies Van der Rohe decía que: “Sólo una idea tiene la fuerza suficiente para extenderse tanto”, esta expresión se fue fusionando con la filosofía de la Gestalt, donde va surgiendo un objeto por lo que nuestros ojos interpretan, dándonos un concepto que podemos aplicar en lo que se diseñará.

La fórmula ganadora para los profesores y alumnos de la Bauhaus fue la estrecha unión del pensamiento puro y la substancia concreta donde la forma sigue a la función en “la recuperación de los métodos artesanales en la actividad constructiva”. La ciencia visual consistió en la relación con los objetos pasando a un nivel estético.

Todo lo que se iba a desarrollar en la Bauhaus debía ser funcional y rentable, el diseño creativo tendría que ser llevado a un plano industrial para que el artesanado se transformara, yendo por el camino que las tendencias artísticas marcaban a través del alumnado.

Todo lo que se iba a desarrollar en la Bauhaus debía ser funcional y rentable, el diseño creativo tendría que ser llevado a un plano industrial para que el artesanado se transformara, yendo por el camino que las tendencias artísticas marcaban a través del alumnado.

Para 1925 la escuela cambió su sede a la ciudad de Dessau (Alemania) en esta etapa de la Bauhaus comenzó a notarse el resultado del impacto de los maestros en los alumnos, esto lleva a Gropius a modificar el plan de estudios e integrar en su planta de maestros a brillantes ex-alumnos como Marcel Breuer quien dirigió el taller de muebles, en el cual diseñó la silla B3 mejor conocida como “SillaWassily”, característica por sus materiales que permitieron pudiera ser producida industrialmente y Herbert Bayer que fue nombrado profesor del taller de imprenta y publicidad, bajo su dirección esta área fue conocida como taller de tipografía y diseño publicitario, ambos fueron profesores hasta 1928.

Las nuevas instalaciones fueron diseñadas totalmente por la comunidad Bauhaus. Para este momento la escuela consolidó contratos con algunas fábricas industriales para la elaboración, diseño y comercialización de productos, como muebles y accesorios para el hogar concebidos por los alumnos.

El sueño de esta escuela duró 14 años, su herencia es notable más allá de la producción que tuviera; sus métodos de enseñanza se volvieron cánones para el diseño industrial. Les abrió las puertas a hombres y mujeres que transformaron el futuro, contaba con un espléndido equipo de maestros como Kandinsky, que enseñaba acerca del suprematismo y postconstructivismo; Mies Van der Rohe, con su famosa frase: “menos es más”, dictó tendencias a futuras generaciones de diseñadores en diversas industrias.

Muebles que nacieron ahí como la clásica silla “Barcelona” (concebida para ser parte del pabellón alemán de la Feria Mundial de las Artes en Barcelona) o la silla “Wassily”, nos mostraron un estilo que hasta hoy es vigente y funciona.

El legado de esta escuela traspaso fronteras, muy adelantada a su época, atemporal, comprometida a innovar y dejar huella. ¡Querida Bauhaus te debemos tanto!

 “La contribución real de la Bauhaus al diseño del siglo XX no radica en la invención de nuevos modelos formales, ni en la formulación de ideas innovadoras, sino en la continua creación de una comunidad de educadores”.-ReynerBanham.

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